jueves, abril 7

Las imágenes del cuerpo amado

Para la psicología evolutiva la construcción de la identidad personal no necesita pasar por el estadio del espejo como por un punto crítico. Los estadios tienen que ver más bien con un progresivo dominio del cuerpo y de sus movimientos. El bebé mueve su mano, pero en los primeros meses de vida no tiene conciencia de que sea su mano ese objeto curioso que se mueve delante de él. No tarda mucho en darse cuenta de que es su mano, sino también de que puede usarla para tomar los objetos del entorno inmediato. Es verdad que por un tiempo todavía va a creer que tirando la cuerda de los juguetes colgados en su cuna va a lograr que venga su madre. Tras algunos intentos fallidos, comprende mejor cómo funciona la noción de causalidad y se da cuenta de que un buen grito es más efectivo. Lo que Piaget no nos dijo es cómo sigue perfeccionándose la comprensión de la causalidad en los años posteriores, por ejemplo los de la adolescencia. Llega una época de la vida, por ejemplo, en que uno ya no desea tanto que la madre venga, sino más bien que se vaya. Es obvio que empujando la cuerda de la cuna en lugar de tirarla (a la cuerda, no a la madre) como hacía cuando era más chico no logra el efecto deseado. Tampoco funciona pedirle a los gritos que se vaya, explicando que ahora uno prefiere escuchar el cd nuevo que acaba de comprar y no una dosis de refuerzo sobre el comportamiento escolar adecuado. El bajar el volumen del equipo tal vez ayudaría, si uno pudiera escuchar que precisamente es eso lo que le pide la madre, pero es un círculo vicioso: no escucha porque el volumen está muy alto, y el volumen está muy alto porque no escucha cuando le pidan que lo baje. No ayuda mucho, en este proceso, que la madre cambie radicalmente su modus operandi: la misma persona que hace pocos años se hacía la sorda y suplicaba porque la dejáramos dormir cinco minutitos ahora se convierte en un perro de presa dedicado full time a controlar todo, no aprovechando para dormir ni siquiera los fines de semana, que es justamente cuando más quisiera uno que no sepa a qué hora de la madrugada nos resignamos a volver. En este punto nos falta la teoría que una todos estos datos y nos diga que el adolescente se mira en el espejo buscando su identidad porque es mucho más fácil que tratar de entenderse mientras negocia su vida de diversión con padres inconsecuentes. 
Si la relación con nuestro propio cuerpo no necesita tan imperativamente pasar por el estadio del espejo, como pretende Lacan, la cosa no está tan mal. Para Paul Schilder, la imagen de nuestro cuerpo es “un fenómeno social” que se construye en una combinación dinámica de nuestras vivencias internas y de las interacciones con los demás. Así, por ejemplo, es muy difícil saber si uno realmente canta bien, porque hay que combinar la percepción que uno tiene de su propio canto con las impresiones que este produce sobre un número variable de personas que lo escuchan y expresan su opinión sobre el valor estético de dicho canto. Si la mayoría de los oyentes opina que tenemos una voz magnífica es más probable que terminemos creyéndolo, incluso si a nosotros no nos parece tan magnífica como ellos dicen. Los problemas reales comienzan cuando la discordancia se produce en el sentido opuesto: cuando nosotros creemos que cantamos bien y los demás no se dan cuenta de ello porque carecen de un sentido estético finamente desarrollado, o se dan cuenta de que no cantamos bien precisamente porque tienen un sentido estético finamente desarrollado y además pueden dar pruebas de ello formando parte de algún coro estable de algún lugar importante. Lo cierto es que si se produce un contraste entre nuestras vivencias internas y las acciones o reacciones de los demás con respecto a la imagen de nuestro cuerpo, es porque, como afirma Schilder, desde el principio, y siempre, “lo amamos”, y no nos resulta fácil aceptar que lo critiquen o desprecien. En las antípodas una “construcción creativa” de nuestra identidad en la medida en que interactúa dinámicamente con las personas que nos rodean. Las imágenes del cuerpo que se producen en este proceso son las imágenes de un amor por nosotros mismos que no necesita la reflexión en los espejos, pero sí una exploración más detenida de sus múltiples facetas. De Lacan, para Schilder la imagen del cuerpo propio es “construcción creativa” de nuestra identidad en la medida en que interactúa dinámicamente con las personas que nos rodean. Las imágenes del cuerpo que se producen en este proceso son las imágenes de un amor por nosotros mismos que no necesita la reflexión en los espejos, pero sí una exploración más detenida de sus múltiples facetas.

0 comentarios:

  © Blogger templates Brooklyn by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP