Reflexiones sobre el narcisismo
Podemos reflexionar todo lo que queramos sobre el hábito de mirarnos en el espejo, pero estas reflexiones nos dicen poco y nada sobre quiénes somos en realidad. Paradójicamente, cuando comparamos nuestros hábitos con los de los demás, cuando tomamos a los demás como el polo de referencia de nuestros pensamientos, empezamos a comprendernos mejor a nosotros mismos. Un ejemplo de esta curiosa paradoja es el estudio de estadísticas que relacionan la tendencia a mirarse en el espejo con rasgos de la personalidad, y en particular con el narcisismo.
Las láminas simétricas del test de Rorschach estimulan a las personalidades narcisistas a ver personas reflejadas en un espejo. Allí donde la mayor parte de la gente ve dos personas, el narcisista ve una persona reflejada en el espejo, y todo hace suponer que esa persona es ella misma. Para saber cuán narcisistas somos podemos recurrir a las medidas estadísticas de este tipo de respuestas de reflejo. Sabiendo, por ejemplo, que sólo el 8% de los adultos da respuestas de reflejo, podemos inferir, sin siquiera hacer la prueba de Rorschach, que es muy poco probable estadísticamente que tengamos una personalidad narcisista. Esto es muy bueno porque las personas que están dentro del 8% del grupo narcisista suelen tener más dificultades para entablar y mantener relaciones interpersonales significativas. El autodiagnóstico resulta todavía más alentador si estamos dentro del grupo de los que vienen teniendo desde hace ya mucho -¡demasiado!- alguna relación conflictiva con alguien particularmente cercano: ningún narcisista que se precie de tal soportaría esto, o no por un período muy prolongado.
Basados en estas cifras estadísticas, si lo que queremos es iniciar relaciones duraderas y significativas, tenemos que tener en cuenta cuáles son los grupos de riesgo que sería conveniente observar con mayor atención y cuidado. Según los datos de Exner, las profesiones con mayor índice de narcisismo –medida por la frecuencia de respuestas de reflejo- son: bailarines (el 36% de este grupo dio respuestas de reflejo), miembros del clero (con 29%), y en tercer lugar cirujanos (24%). Si estamos particularmente interesados en alguna persona que no pertenece ni aspira a pertenecer a alguno de estos grupos la cosa pinta bien. Si, en cambio, nuestro interés se encamina hacia un ex seminarista que abandonó su carrera de cirujano para dedicarse al ballet clásico ya podemos ir sabiendo lo que nos espera. Pero esto tampoco es preocupante, porque las probabilidades estadísticas de que nos crucemos con alguien así son prácticamente computables en cero.
Un último dato que siempre puede ser útil en el momento previo –después ya es tarde- a iniciar relaciones duraderas son los tiempos de exposición al espejo medidos adecuadamente. Un experimento realizado por Exner reveló que, después de tomar el test de Rorschach a un grupo significativo de sujetos, se los hizo pasar a una entrevista. La sala de espera estaba provista con un gran espejo, de modo que pudieron medir: el número de respuestas de reflejo, el tiempo dedicado a mirarse en el espejo (en la sala de espera) y la frecuencia en el uso de pronombres personales (durante la entrevista). Los resultados confirmaron lo que ya sospechábamos: el grupo con índice de narcisismo más elevado pasó más tiempo mirándose en el espejo (promedio de 68,5 segundos para una espera de diez minutos), y utilizó mucho más los pronombres personales (sobre todo de la primera del singular) que los grupos que carecían de respuestas de reflejo (sólo 27,1 segundos de exposición ante el espejo para el mismo tiempo de espera), y tuiveron menor frecuencia en el uso de pronombres personales. Dos extremos resultan interesantes: la persona que menos tiempo se miró en el espejo dedicó sólo 6 segundos a la autoinspección, y la que más tiempo invirtió estuvo mirándose 104 segundos. Sería muy interesante tener una foto de cada uno de ellas, dato que tal vez podría aportar valiosos elementos de juicio.
Dado que replicar el experimento de Exner sería un tanto complicado con una persona que recién nos conoce y no sabe bien cuáles son nuestras intenciones, lo que puede hacerse en la práctica es llevar a la persona en cuestión a algún edificio alto con un pretexto cualquiera, decirle que queremos visitar a alguien que vive en el último piso, y cronometrar –muy disimuladamente, por supuesto- el tiempo que dedica a mirarse en el espejo. Sería todavía mucho mejor si pudiéramos ir anotando en una libretita la cantidad de veces que utiliza la palabra “yo” y cuántas el “nosotros”. Eso sí: se la persona no está tan absorta contemplándose en el espejo y nota algo raro en nuestras manipulaciones con el cronómetro y la libretita, lo más aconsejable es decir la verdad, confesar abiertamente que queremos una relación en serio, que sea profunda y duradera incluso si vienen los malos tiempos y surgen diferencias y conflictos, pero que nos sentimos inseguros y por eso tomamos algún recaudo antes de entregarnos de lleno. Si la persona tiene suficiente sensibilidad, amplitud de criterios y un toque de sentido del humor para no salir corriendo apenas se abra la puerta del ascensor, entonces puede que valga la pena seguir adelante con total independencia de los datos estadísticos recabados hasta el momento.


1 comentarios:
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